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miércoles, 31 de diciembre de 2025

Proceso de extracción de miel

1. Recolección de Panales

    • Se recogen los panales llenos de miel y sellados con opérculo (una capa de cera fina) en el colmenar, temprano en la mañana para evitar el calor y la agresividad de las abejas.
    • El opérculo es el sello que ponen las abejas cuando la miel está en su grado óptimo de humedad.

2. Limpieza de Panales
    • Se sacuden o cepillan los panales para quitar las abejas y se meten en alzas para transportarlos al almacén.
    • Se utiliza un cepillo para "barrer" las abejas de manera manual.

3. Extracción del Opérculo
    • Se quita el sello de cera (opérculo) de manera manual con cuchillos calientes especiales o de manera mecanizada con una máquina desoperculadora.

4. Extracción de la Miel
    • Los panales se introducen en un extractor que utiliza la fuerza centrífuga para sacar la miel de las celdillas.
    • La miel se deposita en el fondo del extractor y sale por un grifo.

5. Filtrado y Maduración
    • La miel pasa por un filtro para quitar impurezas de cera y abejas.
    • La miel se deja reposar en un depósito llamado madurador durante unos días.

6. Almacenaje y Cristalización
    • La miel se almacena en bidones (de 300 kg) y se cristaliza.
    • Para evitar la cristalización, se introduce en una cámara de aire caliente (a temperatura muy controlada, nunca superior a 40 grados).

7. Segundo Filtrado y Envasado
    • La miel se pasa a los depósitos de acero inoxidable y se lleva a cabo un segundo filtrado con una malla de acero inoxidable.
    • La miel se envasa en tarros para su venta.

8. Devolución de Panales a la Colmena

    • Los panales vacíos se devuelven a las colmenas para que se llenen de nuevo con la floración de verano.
    • El proceso se repite en septiembre y octubre para la miel de otoño.

https://www.mielmontesanroman.es/2019/08/14/asi-es-el-proceso-de-extraccion-de-nuestra-miel/

sábado, 28 de septiembre de 2024

Alboronía

El guiso andaluz de hortalizas procede de la cocina árabe, y en él retozan calabaza, calabacín, cebolla, berenjena, pimiento y tomate animados por un toque de ajo, pimentón y vinagre.

 Al-Andalus el año 206 de la Égira, 822 de nuestra era, procedente de Bagdad— sirvió en la boda de la princesa Al-Buran con el califa abbasi Al-Ma'mün […] un plato, creado para tal ocasión, el que, en honor a la princesa desposada, se le llamo al-burmayya y castellanizado alboronía", cuenta José Antonio Hernández Guerrero, humanista gaditano. "Se confeccionaba con una fritura en aceite de oliva de berenjenas, calabacines, cebolla y membrillo. En el siglo XVI se cambió el membrillo por los tomates y los pimientos, y así nació el pisto".

Ingredientes
Para 4 personas
  • 500 g de calabaza pelada
  • 2 cebollas
  • 1 pimiento verde
  • 1 calabacín
  • 4 berenjenas
  • 3 dientes de ajo
  • 500 g de tomates
  • 1 cdta. de pimentón dulce
  • 1 cdta. de vinagre
  • Aceite de oliva virgen para sofreír
  • Sal al gusto
Preparación
  1. Trocear la calabaza y cocerla en agua hirviendo hasta que esté tierna. Refrescar con agua fría para cortar la cocción y reservar.
  2. Picar finamente las cebollas y pasarlas unos minutos por el microondas para eliminar más rápidamente el agua de vegetación, hasta que empiecen a cambiar de color.
  3. Cubrir de aceite el fondo de una sartén o cazuela amplia, calentar a fuego medio y sofreír la cebolla precocinada.
  4. Trocear el pimiento en trozos pequeños y añadir al sofrito. Agregar igualmente los ajos pelados y laminados, y el calabacín cortado en dados.
  5. Mientras tanto, cortar en dados las berenjenas y cocinarlas en el microondas con un buen chorretón de aceite de oliva, el tiempo necesario para que se ablanden y pierdan buena parte de su agua.
  6. Agregar las berenjenas precocinadas al sofrito y seguir cocinando a fuego bajo, hasta que tanto el calabacín como la berenjena estén bien tiernos y hechos.
  7. Sazonar con el pimentón dulce, el vinagre y la sal. Añadir los tomates pelados, despepitados y picados, o directamente triturados (¡oh, anatema, hereje!) y reducir otro rato, hasta conseguir un guisote espesorro.
  8. Por último, agregar la calabaza escurrida de su líquido de cocción y dar un último hervor a todo el conjunto. Rectificar de sal, si fuera necesario, y a la mesa con un buen pan.

domingo, 31 de diciembre de 2023

Turrón de guirlache

Se trata de un turrón muy típico en Zaragoza y la zona de Alcoy. Su nombre proviene del término francés “grillage” que quiere decir tostar.

Ingredientes

  • 200 g. de almendras crudas, sin piel ni cáscara
  • 200 g. de almendras crudas, sin piel ni cáscara
  • 200 g. de azúcar
  • 1 cucharada de miel
  • 10 ml. de zumo de limón

Preparación

  1. Precalentamos el horno a 175º C con calor arriba y abajo.
  2. Colocamos las almendras, bien extendidas, en una bandeja de horno y las tostamos unos minutos. Tienen que adquirir un ligero tono dorado, pero cuidado que se queman rápido y se puede estropear nuestra receta ya que, de ser el caso, amargan bastante.
  3. Retiramos la bandeja del horno y pasamos las almendras a una fuente amplia. Dejándolas sobre la bandeja corremos el peligro de que continúen tostandose con el calor residual.
  4. Forramos un molde para turrón con papel vegetal. Si no disponemos del adecuado, podemos fabricar uno casero con un cartón de leche. Solo tenemos que cortarlo por la mitad, longitudinalmente, y listo.
  5. Introducimos el azúcar con la miel y el zumo de limón en el interior de un cacito y lo ponemos al fuego. Calentamos, sin mover, hasta que el azúcar se derrita y se convierta en un caramelo de color ámbar opaco. No debe sobrepasar los 165ºC.
  6. Apartamos el caramelo del fuego y le añadimos las almendras. Removemos bien para que se impregnen del mismo por todos lados.
  7. Inmediatamente después vertemos la mezcla en el molde y lo repartimos bien por toda la superficie, aplanando en la medida de lo posible. El caramelo endurece rápido, así que hay que ser muy ágiles. Dejamos que el turrón de guirlache se enfríe y se endurezca antes de trocearlo con cuidado (ojo, está muy duro) y consumirlo.

Turrón de yema

El turrón de yema nació para aprovechar las yemas desperdiciadas al elabora el turrón duro y el blando. Tiene su origen en Cataluña donde se comenzó a elaborar basándose en la receta de crema catalana.

Ingredientes

  • 1 Kg de Azúcar blanca
  • 1 Kg de Almendra entera
  • 12 ud de Yemas de huevo
  • Obleas de arroz (opcional)

Preparación

  1. Escalda, pela las almendras y tritura con un robot de cocina, pero sin llegar a hacer harina, es mejor dejar una textura un poquito más gruesa.
  2. Pasa el azúcar por la batidora y mezcla bien con las almendras.
  3. Añade a la mezcla obtenida las yemas de huevo algo poco a poco y trabaja mucho hasta conseguir una pasta.
  4. Si se pone algo dura, agrega un poco de clara de huevo sin batir y mezcla bien.
  5. Forra un molde rectangular con papel sulfurizado y vierte la pasta.
  6. Cubre con papel y coloca un peso encima (por ejemplo, unos briks de leche, etc) para prensarlo bien.
  7. Deja durante varias horas en un sitio fresco.
  8. Para tostar el turrón se puede cubrir con azúcar y utilizar un soplete de cocina (de los que se usan por ejemplo para preparar crema catalana).
  9. Otra opción puede ser batir un huevo, pintar con un pincel la parte superior el turrón, poner el horno a 250ª (sólo la parte de arriba) y meter el turrón un minuto más o menos o hasta que veas que ha empezado a dorarse.
  10. Una vez frío, puedes presentarlo cortado en rectángulos no demasiado finos.
  11. Si quieres puedes presentarlo acompañado de obleas de barquillo.

https://www.hola.com/cocina/recetas/20191111153689/turron-yema/

martes, 24 de mayo de 2022

La cocina como elemento del "nacionalismo banal" español (o de cualquier otro sitio del mundo)

Con texto tomado de la nota "Cómo España inventó su "nacionalismo banal"

Eric Storm, historiador de la Universidad de Leiden en los Países Bajos especializado en la historia de España de los siglos XIX y XX, identifica la influencia que detalles cotidianos como la gastronomía tuvieron en el nacimiento del "nacionalismo banal" español.

Banal por mundano o cotidiano, una expresión "fría" —frente al calor de las guerras o las revoluciones— que termina produciendo estereotipos nacionales. Como los "coches, productos lácteos, deportes, los toros, las tradiciones folklóricas o el turismo", en palabras del autor de 'La nacionalización de la esfera doméstica en España'.

Entre 1890 y 1930, los intelectuales comenzaron a preferir los platos españoles a los franceses o a pedir que se construyese según el estilo local

El término "nacionalismo banal" fue acuñado hace 25 años por el científico social Michael Billig en su libro del mismo título, que localizaba en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial el 'boom' de estas expresiones cotidianas de la nación. La bandera de las barras y estrellas colgando en los porches es nacionalismo banal, pero también lo es la bandera de Colón. Pedir un bocata de calamares en Londres es nacionalismo banal. Para Storm, fue durante la 'belle époque' española (que en su análisis reenmarca entre 1890 y 1930) cuando ese nacionalismo tomó cuerpo en símbolos culturales como la gastronomía y en la arquitectura, pero también en las razas de perros o en los azulejos de la cocina. Por eso parece tan natural que la generación del 98, a la que le dolía España pero recorrió Castilla fascinada por sus símbolos, fuese la que liderase una nacionalización de lo cotidiano que hoy damos por hecha pero que no siempre existió como tal. "En general siempre hay un principio, es decir una invención (de un nacionalista, un intelectual, un comerciante…)", recuerda Storm. "Pero lo típico del nacionalismo mundano es que no lo asociamos con alguna decisión concreta". Son más bien signos, símbolos y metáforas cotidianas que penetran en nuestros hábitos sin que sean puestos a prueba.

Una clase de nacionalismo que, para el historiador, se encuentra en ascendencia y que no solo ha salido indemne de la globalización, sino más bien reforzado. "El nacionalismo se manifestó primero, a principios del siglo XIX, en la alta cultura (pintura de historia, novelas, estatuas, panteones, libros de historia) y poco a poco se hizo banal, sobre todo por empresas ('branding', pero también ahora en telediarios (Billig da ejemplos como la mapa del tiempo), en programas de humor, etcétera", añade. "Creo que ya es casi omnipresente y no son especialmente conservadores o progresistas que lo favorecen, lo solemos hacer todos".

Estamos tan acostumbrados a que las cosas sean como son que no imaginamos otras posibilidades. Por ejemplo, que la gastronomía española tradicional no existiese tal y como la conocemos hasta hace relativamente poco. Por supuesto, existían preparaciones e ingredientes locales, pero tuvo que llegar el nacionalismo banal para que se estableciese una alternativa a los platos franceses que por aquel entonces arrasaban en todo el mundo. Eso, y Emilia Pardo Bazán, que en 1913 publicó 'La cocina española antigua' y 'La cocina española moderna' que, como recuerda Storm, al no identificar regionalmente la procedencia de cada receta, "construyeron una nueva gastronomía nacional".

Lamentaban que el rey se decantase por platos franceses y no por la olla podrida, antepasado del cocido que representaba mejor a la nación española.
Storm recuerda que las grandes brechas alimenticias durante mucho tiempo fueron sociales, no geográficas: si eras pobre comías lo que tenías a mano, y si no, podías degustar el estereotipo de cocina francesa que se impuso desde mediados del siglo XVII. Fue la introducción del tren o del barco de vapor lo que permitió tomar conciencia de las diferencias gastronómicas entre regiones. No fue hasta finales del siglo XIX cuando se comenzaron a alzar en España las primeras voces contra la hegemonía de la cocina francesa. Mariano Pardo de Figueroa, por ejemplo, lamentaba que el rey presentase los menús de palacio en francés macarrónico y que no sirviese la "olla podrida", un guiso con alubias y embutidos, el plato nacional español por aquel entonces que terminaría derivando en nuestro cocido.

A medida que el siglo XX avanzaba, cada vez más intelectuales comenzaron a reivindicar la existencia de una gastronomía propia y nacional. La 'Guía del buen comer español' de Dioniso Pérez comenzaba a clasificar los platos por región, al mismo tiempo que recordaba que la gastronomía española había recuperado el lustre que tuvo siglos atrás gracias a la influencia árabe y las importaciones de la América conquistada. Los términos "bacalao a la vizcaína", "callos a la andaluza", "mantecadas de Astorga" o "queso de Cabrales" comenzaron a popularizarse entonces. ¿Y Madrid? Madrid era, para Pérez, "el crisol donde lo que denominamos la 'cocina nacional' se fundó, forjó y unificó". En realidad, más bien una "cocina de Castilla La Nueva".

El movimiento intelectual para reivindicar las preparaciones y los productos españoles fue bien acogido especialmente entre las amas de casa de clase media, que formaban el grueso de la demanda del nuevo subgénero de recetas españolas. Fue entonces cuando nacieron las denominaciones de origen bajo la dictadura de Miguel Primo de Rivera que, empezando por los vinos de Rioja, permitían proteger y diferenciar los productos de cada región. Al final, el nacionalismo banal termina siendo tanto una buena herramienta de ‘marketing’ como un arma de identificación nacional en momentos de desmoralización. "Sobre todo en comida, el nacionalismo banal sigue siendo muy fuerte, y a veces se inventa adrede (la compañía Guinness está detrás de los pubs irlandeses); el gobierno tailandés ayudó activamente con menús estandarizados, préstamos y decoración a propagar los restaurantes tailandeses por el mundo”, recuerda Storm. "En el fondo el nacionalismo banal hace que la identificación con la nación sea fuerte, porque se recompone cada día, y en casos de crisis puede ser activado fácilmente (haciéndolo caliente)".

Algo parecido ocurrió con la arquitectura. El escritor y diplomático Ángel Ganivet propuso "una prima a los que construyan edificios de estilo local" en Granada, por ejemplo. Lo que en la gastronomía era el cocido, en la arquitectura lo era el patio andaluz, y Ganivet veía horrorizado cómo las "casas de pisos" y los portales lo habían sustituido. ¡anatema! "Cada país tiene un estilo arquitectónico propio que se descubre en las construcciones pobres, en las que lo natural está poco transformado por el arte", recordaba.

La demanda de platos españoles y arquitectura regionialista venía de las clases urbanas media y alta, que eran las únicas que se los podían permitir

A Azorín (José Martínez Ruiz escritor español perteneciente a la generación del 98) tampoco le convencían las nuevas tendencias, como recuerda Storm, y pensaba que "en los pueblos no debían construirse 'calles anchas y rectas', ni 'viviendas presuntuosas y llamativas' que imitan 'los edificios fastuosos de los grandes capitales'". Paradójicamente, esta fijación por lo rural y lo pobre —que no siempre es así en otros países, añade el historiador, citando el caso de la moda italiana o el automovilismo alemán— era propia de la clase alta: "Está claro que la demanda rápidamente creciente por platos españoles y una arquitectura regionalista venía sobre todo de las clases media y alta urbanas. Eran los únicos que podían permitirse una casa neovernacular, un perro de pedigrí español, comprar muebles españoles fabricados a manos, utilizar libros de cocina y elegir entre comida francesa o española. Eso era impensable para la mayoría de españoles pobres". No hay mejor definición de la arquitectura nacionalista banal española que la cocina de las casas rurales. Basta con leer la descripción que rescata Storm de un artículo de 1926 para imaginar al menos un par de ejemplos cercanos: "Es obvio que el autor opinaba que una cocina acogedora decorada según las tradiciones seculares de la patria, con azulejos y muebles tradicionales, con cazos de cobre y platos de barro, estimularía la vida familiar y de esta manera podía contribuir a la rectitud moral de todos sus miembros en beneficio de la patria entera". La importancia de este espacio no es únicamente cultural, sino también moral: como puede ocurrir con un plato de puchero, la cocina donde se reúne la familia recoge los principios morales del nacionalismo español en esa línea que unía "la arquitectura regionalista, la moralidad personal, la vida familiar ‘tradicional’ y la grandeza de la patria".

Otros ejemplos semejantes pueden encontrarse en los perros o en el turismo. ¿En los perros? Mientras que en otros países como Reino Unido promocionaban su Yorkshire o los alemanes su pastor, España, que nunca se había distinguido por sus razas, comenzó a promover las nacionales, como el mastín español, el pointer de Burgos o el sabueso andaluz. El turismo tomó su nueva forma a través de la creación de la red de paradores que tanta fama tendrían durante el franquismo, o la creación del Patronato Nacional. Lo hicieron, eso sí, según el estilo nacional: "Para sumergir por completo al turista en una atmósfera española, los muebles y la decoración también eran de procedencia regional e incluso se vistió al personal con trajes tradicionales. Hasta la comida era casera, en el parador de Gredos incluso la preparaba una cocinera pueblerina, quien se suponía conocía mejor que los chefs profesionales las tradiciones locales". Todo es susceptible de ser nacionalizado, incluso el hogar donde los españoles viven. A día de hoy aún encontramos vestigios en nuestros hogares, siempre y cuando no hayan sido devorados por la homogeneización sueca. No siempre estuvieron ahí. Como concluye Storm, "aunque estos intelectuales y profesionales nacionalistas defendiesen que estaban difundiendo prácticas y formas firmemente enraizadas entre los españoles —básicamente, la clase media rural—, de hecho construyeron algo nuevo. Cuando empezaron, sus interpretaciones eran percibidas como algo nuevo e innovador, pero con el tiempo se dieron por hechas". Hasta la sevillana de encima del televisor se le tuvo que ocurrir a alguien.

Cazuela

Los mapuches preparaban “corri achawal”, suerte de caldo de ave (pavo o gallina araucana) que lleva papas, zapallo, choclo o chuchoca, porotos verdes, pimentones, quínoa, ají, hierbas silvestres. Podía llevar carne de guanaco, pudú o huemul denominándose "corri ilo".​ Probablemente por metonimia los españoles denominaron como "cazuela".

La olla podrida u olla poderida, posible hermana mayor de la cazuela. En América, ha quedado la noticia semi-legendaria de que en un improvisado almuerzo ofrecido en 1826 al almirante Manuel Blanco Encalada se le sirvió, entre otras exquisiteces, una cazuela de capón castellano, plato que, como la olla podrida, pudo ser introducido en América por los conquistadores a partir del siglo XVIII.

La cazuela es un plato típico en las gastronomías de Argentina, Chile, Ecuador, España, Francia, Italia, México, Perú, Portugal y otros países íberoamericanos. Recibe ese nombre por el tipo de recipiente en el que está cocinado,​ que suele ser una vasija de la familia de las ollas, de cuerpo bajo y vidriado en su interior.​ Como recipiente que preserva el calor cumple un doble servicio de cocinado y vajilla de mesa; en la cocina se hace uso preferente para contener aquellos platos que se introducen al horno.

Cazuelas latinoamericanas

La cazuela es uno de los platos gastronómicos más populares de América Latina, del que se encuentra la más amplia variedad según el país en el que se le pruebe, pero el origen presenta varias versiones.

La cazuela argentina

En Argentina la cazuela es considerada un plato tradicional,​ con muchas presencia en algunas gastronomías regionales, como la cuyana.

En su forma clásica la cazuela argentina es cazuela de pollo o gallina, cocinada con choclos, papas, arroz, arvejas, cebollas, zanahorias, tomates y condimentos.

Ingredientes

  • 1 kg. De Pollo
  • 1 Cebolla
  • 2 Papas
  • 2 Zanahorias
  • 2 Choclos
  • 300 gr. Chauchas
  • 2 litros de Caldo de verduras
  • Aceite de oliva
  • Laurel.
  • tomillo
  • perejil
  • orégano al gusto
  • 1 cucharada de Pimentón
  • Sal al gusto
Preparación
  1. El primer paso de está preparación lavando y cortamos el pollo en varios pedazos.
  2. En una sartén con aceite sofreímos los trozos de pollo.
  3. Procedemos a pelar y picar la cebolla, la zanahoria y las papas y seguidamente lavamos muy bien.
  4. Ahora, en una olla debemos sofreír la zanahoria y cebolla.
  5. Seguidamente, agregamos el pollo junto con las hierbas. Después, vertemos el caldo de verduras en la preparación.
  6. Dejamos cocinar por media hora y añadimos las chauchas, después el choclo y las papas. Debemos dejar que se cocine por 20 minutos más.
  7. Finalmente, sirven la preparación en cazuelas y además puedes agregar salsa picante para un mejor sabor.

En Argentina también se prepara cazuela de mariscos, especialmente en las ciudades con puertos marítimos, como Mar del Plata. La cazuela de mariscos argentina se cocina con los mariscos habituales en sus costas marítimas: mejillones, calamares, langostinos y camarones, cocinados con cebolla, tomate, ajo, morrón y zanahoria.

Otras cazuelas presentes en la gastronomía argentina son la cazuela de cordero patagónico en la Patagonia,​ donde también se prepara con luche o alga, la cazuela de guanaco (servida en pan de campo con chicharrones), así como cazuelas características del Noroeste, como la cazuela de cabrito y la cazuela de llama.

La cazuela chilena

La cazuela es en Chile un plato típico, elaborado con una presa de carne de vacuno, de pollo, de pavo, de ganso o de gallina de campo, más verduras variadas: zapallo, choclo, papa. A veces se le añade arroz, chuchoca u otras verduras.

Las cazuelas chilotas se elaboran con algún tipo de carne o mariscos, papas picadas, pueden llevar repollo, algas y otras verduras como zanahorias o arvejas. Algunas cazuelas chilotas son la cazuela de cordero con luche (espinazo de cordero y luche), la cazuela de cholgas secas (cholgas y repollos) o "cazuela chilota" y la cazuela de chancho ahumado con repollos.

Se cree que el plato se originó un día de improvisado almuerzo ofrecido al almirante Manuel Blanco Encalada, a quien se le sirvió una cazuela de capón castellano.[cita requerida] Pero hay así mismo una cazuela aún más antigua, que se remonta a los tiempos de la olla podrida, un plato introducido en Chile por los conquistadores españoles y que desde el siglo XVIII alcanzaría popularidad y variedad de presentaciones transformándola en la cazuela.

No solo en América Latina presenta la cazuela una gran variedad, sino incluso en Chile es imposible hablar de una única cazuela. Así encontramos que en el norte son típicas las cazuelas de vacuno o llama, y que en la mayoría de las veces lleva quinua en lugar de arroz. En la zona central predomina la cazuela de vacuno y ave, acomapañada de arroz, destacando en esta zona la cazuela de pava espesada con chuchoca. Un poco más al sur, en Chillán, es tenida por la más exquisita de todas las cazuelas chilenas. Aún más al sur, a la altura de Chiloé, encontramos las ricas cazuelas de chancho y cordero que además de las verduras comunes llevan luche picado, es decir un plato de alto poder reconstituyente e indicado contra el frío.

La cazuela ecuatoriana

Es un plato típico de la costa ecuatoriana y se prepara únicamente de mariscos, cocido al horno, con una masa hecha a base de plátanos verdes rayados, con la consistencia de un budín. La masa es pre-cocida a fuego lento, sobre un sofrito hecho de cebolla picada y tomate, condimentada con ajo, comino, achiote, culantro y maní molido. Luego esta masa es colocada en moldes de barro (greda), en los que previamente se había colocado trozos de pescado o camarones. Los moldes de barro son luego introducidos al horno hasta su completa cocción. La cazuela ecuatoriana de mariscos se sirve, generalmente, acompañada de arroz blanco, limón y ají.

La cazuela mexicana

En el norte de México existen varios guisos de carne de res que reciben este nombre. En la cocina de Sinaloa se cuece carne para puchero con ajo y hierbas de olor, el caldo se condimenta con tomate y cebolla. Las verduras más utilizadas son ejote, calabacita, elote y zanahoria. En cambio, en Sonora y Durango se utiliza carne seca con chile verde, papas, tomate, cebolla, ajo y cilantro.

La cazuela peruana

La cazuela de pescado y la cazuela de cordero son platos típicos de la costa peruana y se preparan con camote, papas, carne de cordero, choclo, zapallo, ají verde, y otras verduras.

Cocido

El cocido es, por definición, un plato popular, barato y fácil de cocinar. Su antecedente directo, la olla podrida (que hoy se elabora con alubias en vez de con garbanzos), era inmensamente popular entre el pueblo llano, pues era la mejor forma de aprovechar la poca carne con la que se contaba, sacando el máximo provecho de los cortes menos nobles.

Aunque los garbanzos se conocen en Europa desde la Antigüedad, los romanos lo consideraban un alimento pobre y bárbaro. En España su consumo no se popularizó hasta tiempos de Al-Andalus y es probable que fueran los judíos sefardíes los que introdujeran su consumo estofado. Lo que es seguro es que, en torno al siglo XVI, los garbanzos eran uno de los alimentos principales de Castilla y los distintos tipos de “ollas” un plato básico, que incluso aparece mencionado en 'Don Quijote de la Mancha'. Pero la historia, en concreto, del cocido madrileño, requiere un capítulo aparte. En el siglo XVII el plato era habitual en las casas madrileñas, pero en la Corte se consideraba un alimento típico del pueblo llano, muy poco refinado.

El cocido madrileño se sirve tradicionalmente en tres vuelcos, esto es, tres raciones que se presentan en la mesa en un orden concreto: 

  1. La sopa del cocido, con fideos finos. 
  2. Los garbanzos, las patatas y las verduras. 
  3. Las carnes. 
En la actualidad lo habitual es servir la sopa primero, y los garbanzos, las verduras y las carnes al mismo tiempo (aunque, por lo general, en fuentes diferenciadas). Pero hay quien sirve primero la sopa con los garbanzos (para quienes gustan de echar la legumbre en el caldo) y, después, las carnes.

Procura no escatimar en los garbanzos que, al fin y al cabo, son el elemento principal de este plato. Se puede jugar con la composición de las carnes. Hay quién añade costillas de cerdo o codillo. En realidad casi ninguna carne de cerdo, pollo o ave va a fastidiar el cocido, por lo que las combinaciones son casi infinitas. Esto es sólo una propuesta más.

Ingredientes

(6 personas)

  • 300 gramos de garbanzos. 
  • 1 repollo 
  • Medio kilo de zanahorias 
  • 6 patatas medianas 
  • Medio kilo de morcillo. Lo ideal es pedir a nuestro carnicero que nos de una pieza de la parte baja de la pierna, que es la parte que queda más tierna. 
  • También se puede añadir falda de ternera.
  • Cuatro huesos de caña de vaca 
  • Dos muslos y contramuslos de gallina o, en su defecto, pollo de corral. 
  • Un chorizo para cocido, tipo cantimpalo. No usar chorizos muy ahumandos o especiados 
  • Una morcilla (de cebolla si va añadirse al cocido, de arroz si se echa aparte) 
  • Dos o tres puntas y/o huesos de jamón serrano. 
  • Un trozo de tocino fresco y un trozo de tocino blanco (unos 200 gramos). 
  • Un puñado de fideos finos. Sal.

Elaboración

  1. La noche de la víspera pon los garbanzos a remojo en agua templada con dos cucharadas soperas de sal. 
  2. En una olla grande coloca la carne, los huesos de jamón y de caña (atados de dos en dos con una cuerda fina para que no se salga el tuétano) y el tocino. Se pone a calentar. Cuando empieza a hervir retiramos la espuma que se haya formado, compuesta por impurezas proteicas y sangre coagulada que debemos retirar, y metemos los garbanzos escurridos de su agua (se pueden meter dentro de una red especial para que no se desparramen). Cuando rompe el hervor se baja el fuego para que, sin dejar de cocer, el cocido se haga lentamente. 
  3. Una hora después, se añade la gallina, el chorizo y, si nos gusta, la morcilla de cebolla, que es conveniente haber blanqueado antes, cociéndola aparte un rato, para que no marque demasiado el sabor del caldo. Se retira la espuma que haya vuelto a salir y se tapa otra vez. El cocido deberá cocer en total unas tres horas y media.
  4. Una hora antes de finalizar la cocción (cuando han pasado unas dos horas desde que echamos los garbanzos) volvemos a abrir la olla. Desgrasamos la superficie y añadimos la sal, las zanahorias, peladas y partidas por la mitad a lo largo y las patatas peladas, lavadas pero enteras. En este momento se puede añadir también el repollo picado y lavado, pero hay quien prefiere cocerlo aparte y rehogarlo en un poco de aceite con un par de ajos. 
  5. La morcilla o bien, como comentábamos, se cuece aparte en un cazo pequeño antes de añadirla al cocido o se corta en rodajas y se fríe aparte, según más guste (en este caso hay quien prefiere optar por la morcilla de arroz. 
  6. Terminado de cocer el cocido, se separa en otra olla el caldo necesario para la sopa, dejando algo en la olla para que las viandas no se enfríen ni se sequen. Se añaden los fideos al caldo y se cuecen durante unos 10 minutos (o lo que indique el fabricante para que no queden pastosos). 
  7. Se sirve la sopa (primer vuelco) –que pude acompañarse de cebolletas frescas en trozos y unas piparras– y, después, una fuente con los garbanzos, la verdura y las patatas (segundo vuelco) y otra con la carne partida en trozos, el chorizo, el tocino, la morcilla, el tuétano y el pollo y gallina (tercer vuelco). Hay quién acompaña los garbanzos con una salsa de tomate casero, y quien gusta de bañarlos en aceite de oliva.

La bola o relleno

Aunque no es habitual en todas las casas, la bola o relleno es un elemento clásico del cocido, un tanto extravagante, pero delicioso. Consiste en preparar una especie de tortilla con pan, huevo, ajo y perejil, que se echa en el cocido (lo que hace que se empape del caldo). 

Ingredientes

  • 150 gramos de miga de pan (del día anterior), 
  • 2 huevos, 
  • un diente de ajo picado y 
  • una cucharada sopera de perejil picado 
  • 2 o 3 cucharadas soperas de caldo del cocido. 

Preparación

  1. En una ensaladera se baten los huevos y se añade el pan desmenuzado, el perejil y el ajo muy picado. 
  2. Se revuelve bien y se forma una especie de croqueta o tortilla grande. 
  3. En una sartén se pone aceite a calentar y se dora la bola. 
  4. Se saca y se echa en el cocido a cocer media hora. 
  5. Se sirve cortada en rodajitas.

https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-02-18/como-hacer-el-cocido-madrileno-perfecto-en-tres-vuelcos_1154015/
https://www.latazadeloza.com/2016/10/cocido-madrileno-tradicional.html
https://www.petitchef.es/recetas/aperitivo/rellenos-de-cocido-receta-mejorada-fid-1355977

Olla podrida

Olla podrida es el nombre popular de un guiso original de la cocina española presente ya en la gastronomía de la Edad Media, y encuadrado dentro de la familia de los cocidos. Toma su nombre del recipiente en el que tradicionalmente se cocina, y es un plato fuerte, adecuado por tanto para el invierno. En España tiene especial tradición en Castilla, principalmente en la provincia de Burgos.

Al parecer el nombre original era “olla poderida”, es decir “olla poderosa” y esto sí que va muy acorde al plato.

En Argentina y Uruguay, ya desde el Virreinato del Río de la Plata (se considera que desde la expedición comandada por Fernando de Magallanes ca. 1520) eran comunes las ollas podridas criollas que incluían carnes del país (llamas, guanacos, ñandúes etc. aunque muy pronto merced a la extraordinaria proliferación de vacunos se dio preferencia a las carnes rojas de vaca y especialmente vegetales del país rioplatense: papas, batatas, zapallos, choclos, porotos, zanahorias, ajíes e incluso en las zonas norestinas del Cono Sur también mandioca, con menos porcentaje de repollo y garbanzos, de este modo la olla podrida rioplatense dio lugar al puchero argentino-uruguayo y rioplatense en general cuyo consumo suele hacerse principalmente en los días fríos del Cono Sur (entre mayo y septiembre).

En Puerto Rico y Colombia la olla podrida evolucionó al sancocho, plato que en cada región tiene diferentes versiones, que van desde el "trifásico" costeño que lleva tres carnes: cerdo, pollo y res; en las demás se hace de gallina o res, pero siempre acompañado de yuca, plátano, papa y adobo.

En Cuba, es el antecedente del ajiaco, el plato nacional de la cocina cubana, rico en yuca, boniato, papa, malanga (blanca y amarilla), ñame, maíz (en mazorcas y en bolitas de maíz tierno), calabaza, plátano (verde y maduro) , agujas, morro, cachetes y masas de cerdo, falda, pollo (a preferir gallina) y tasajo, en el adobo el condimento especial es el ají (pimiento), además de cebolla, tomates, ajos, sal y manteca de cerdo.

En Costa Rica, derivó en olla de carne, muy popular en la comida criolla y tradicional. Se prepara a base de verduras y distintos tipos de carne, especialmente la de res y pollo. Antaño era el plato tradicional para la cena, especialmente en las familias de menos recursos. Contiene principalmente vegetales autóctonos como el chayote, camote, yuca, papa, zanahoria y elotes, aunque es normal complementarla con otros ingredientes como el ñame, los tacacos y el ayote. La olla de carne en Costa Rica se sirve normalmente con arroz, cocinándose éste muchas veces como parte del plato o bien aparte. Los vegetales que sobran se preparan en "puré de verduras" al día siguiente.

En México se le han integrado elementos vernáculos como el chile o el xoconostle, aunque en ciudades como Perote se sirve del modo tradicional.

En Perú el cocido que mejor ha preservado la herencia de la olla podrida es el shámbar; tradicional en el departamento de La Libertad. Otro cocido en el que las legumbres ceden su protagonismo a las verduras diversas es el sancochado plato típico de su gastronomía y variante mestiza de la olla podrida9​ o el cocido madrileño.10​ Consiste en una sopa a base de carne, tubérculos y verduras. Se ha hecho tradicional en la ciudad de Lima su consumo los días jueves; hoy es una de las sopas más populares del Perú.

Varían en función de la región o país que la cocine. Así, la olla podrida española tiene entre sus principales ingredientes la alubia (judía) roja, cocinada en olla de barro durante varias horas (de ahí su nombre) hasta que quedaban blandas. A la olla se le añaden los siguientes ingredientes cárnicos fuertes: morcilla de arroz, chorizo, adobados, curados y ahumados (costilla, panceta, oreja y morro del cerdo o pezuñas). También en ocasiones se añade la bola o relleno (similar al cocido), realizado con huevo.

En función de la geografía, se suelen servir primero las verduras en el plato, después la carne y por último el caldo, que debe estar caliente.

Domingo Hernández de Maceras en su Libro del Arte de Cozina en el capítulo LIV que tiene por título: Cómo se ha de hazer una olla podrida dice:

Para hazer una olla podrida, se le ha de echar carnero, vaca, tocino, pies de puerco, testuz, longanizas, lenguas, palomas, lavancos, liebre, lenguas de vaca, garvanços, ajos y nabos si es su tiempo, y la carne que cada uno quisiere. Se ha de mezclar todo en una olla y ha de cozer mucho. Llevará sus especias; y después de bien cozida, se harán platos de ella, con mostaza de mosto o de otra, y por encima los platos échale perexil y es muy bueno.

Ingredientes

  • ½ kg de alubias rojas
  • 1 chorizo
  • 1 morcilla de Burgos
  • 1 pata de cerdo adobada
  • 1 rabo de cerdo adobado
  • 1 oreja de cerdo
  • 300 gramos de costilla de cerdo
  • 1 pimiento verde
  • 1 cebolla mediana
  • 1 puerro
  • 1 zanahoria
  • Sal al gusto

Preparación

  1. Lava las alubias y ponlas en remojo la noche anterior a la preparación.
  2. Pon también en remojo, en otro recipiente, las carne de cerdo adobadas: el rabo y la pata, si compraste alguna otra pieza adobada, remójala también durante toda la noche.
  3. Llegado el día de cocinar pon las alubias en una olla grande con suficiente agua (deben quedar bien cubiertas) y pon a calentar a fuego medio.
  4. Cuando empiece a hervir, échale 1 taza de agua fría para “asustar” las alubias, con esto vas a evitar que se les desprenda la piel. Repite este proceso 2 veces más.
  5. Agrega la verdura limpia y picada y sigue cocinando a fuego suave.
  6. Pon también todas las carnes en la misma olla.
  7. Ahora simplemente es cuestión de tiempo. Revuelve de vez en cuando y prueba el punto de sal, rectifica al gusto.
  8. Cuando el grano haya ablandado y las carnes estén tiernas pues ya tendrás lista la olla podrida.

Notas

  • Como estás cocinando a fuego suave, esta receta puede tomar un par de horas en hacerse.
  • Al momento de servir en la mesa hay 2 formas de hacerlo:

    • Todo junto en un plato.
    • En dos vuelcos: pones por separado las alubias con las verduras y el caldo por un lado, y en otro plato las carnes.
El Relleno
  1. Batimos 2 huevos y le añadimos una cucharada de pan rallado, pimienta, ajo en polvo, perejil, y aplastamos un trozo del tocino.
  2. Lo freimos como si fuera una tortilla, mas o menos la cantidad es un cazo de los de servir.
  3. Se añade a las alubias y que de un hervor con todo.

viernes, 21 de enero de 2022

Coca de maíz

La coca de maíz (dacsa), también llamada a la calfó​ (o a la calfor) y de ploure, es una coca redonda y plana que se elabora con harina de maíz (frecuentemente mezclada con harina de trigo), agua, aceite y sal. Se acompaña con un picadillo de atún, huevo rallado y tomate frito, o bien de otros picadillos de boquerones o sardinas, o sofritos de espinacas. Es un plato muy típico de la Safor, especialmente de Rótova y Oliva, y también popular en la Marina Alta.

En su elaboración participa la harina de maíz con el agua en una proporción 4:1 acompañados de un poco de aceite de oliva.​ En una cacerola colocada en una fuente de calor se tiene el agua y el aceite hasta que esta hierva, cuando esta llegue a hervir se agrega la harina de maíz y se baja la intensidad del fuego mientras se remueve unos diez minutos, se retira la cacerola del fuego y se espera hasta lograr que se enfríe. Se hacen pequeñas formas esféricas y se aplastan con la mano o con un rodillo adquiriendo una forma redonda y listas para colocarlas a la plancha, se doran por ambos lados y se sirven con el relleno. El relleno puede estar elaborado con migas de atún, huevos, tomate, pimientos picados y mahonesa.

Se toma poniendo una cantidad del acompañamiento en medio de la coca y enrollando ésta para conseguir un rollo que puede comerse directamente con las manos. Su relación con los tacos y los burritos no está clara, aunque la similitud con las tortillas mexicanas y los talos vascos es evidente.

https://es.wikipedia.org/wiki/Coca_de_ma%C3%ADz

viernes, 5 de noviembre de 2021

Puchera de alubias rojas estofadas al estilo montañés

Ingredientes

  • 1 kilo de alubias rojas (Caricos).
  • 300 gramos de costilla de cerdo.
  • 200 gramos de tocino.
  • 4 dientes de ajo.
  • 2 chorizos frescos.
  • 1 morcilla de arroz.
  • 1 pimiento rojo.
  • 1 puerro.
  • 1 cebolla.
  • 1 zanahoria.
  • aceite.
  • pimentón dulce.
  • sal.

Preparación

  1. Encendemos la puchera y echamos un buen chorro de aceite en el fondo, incorporamos las alubias (previamente tenidas a remojo 12 horas), la cebolla picada en cuatro trozos, el pimiento rojo, el puerro, la zanahoria, la costilla, el chorizo y el tocino, rehogamos y cubrimos con agua.
  2. Al cabo de 1 hora cociendo, ponemos una sartén con aceite y sofreímos los ajos partidos a la mitad, retiramos de l fuego y añadimos una cucharada de pimentón dulce, removiéndolo para que no se pegue.
  3. Desgrasamos si hay exceso e incorporamos el refrito de ajo y pimentón a la olla y dejamos hacerse unos 15 minutos mas.
  4. Añadimos la morcilla y removemos con cuidado las alubias dejándolo cocer 15 minutos mas.
  5. Retiramos la mayor parte del carbón de la olla y dejamos reposar al calor. Es un plato que dejándolo reposar de un día a otro coge liga y coge una textura exquisita.

http://lapucherarecetas.blogspot.com/2010/11/cocina-de-temporadapuchera.html

Putxero ferroviario tradicional

La Olla Ferroviaria o Puchera es un aparato de cocina vinculado a la línea de Ferrocarril de la Robla, utilizado por los antiguos maquinistas, guardafrenos y demás personal ferroviario, para cocinar en los largos trayectos de esta línea. Este ferrocarril minero transportaba carbón desde las minas leonesas hasta las factorías del País Vasco atravesando en su recorrido las provincias de León, Palencia, Cantabria, Burgos y Vizcaya. Debido a la gran distancia, a la duración del viaje y al clima extremo que se vivía en el ferrocarril en invierno surgió la necesidad de cocinar un plato caliente durante el trayecto y de ahí el surgimiento de la Olla Ferroviaria.

El Putxero ferroviario es un guiso típico de estos ferroviarios que hoy en día se hace de una forma más normal en los fogones de casa o en las vitrocerámicas, pero sigue siendo un guiso sencillo y bueno. En el pueblo de Mataporquera (Valdeolea), se hace en las fiestas del pueblo.

Ingredientes 

(4 personas)

  • 1 Kgr. de carne de aguja de de ternera
  • 1 copa de vino blanco
  • 1 hoja de laurel
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cucharón de aceite de oliva
  • - pimienta
  • 1 Kgr. de patatas
  • 2 zanahorias
  • 1 cebolla
  • 1 puerro
  • 2 pimientos verdes
  • - sal

Preparación
  1. Cortar las cebollas y los ajos en juliana y reservarlos.
  2. Limpiar las zanahorias y los puerros cortándolos en rodajitas.
  3. Limpiar y cortar los pimientos en tiras. Reservar.
  4. Pelar y cortar las patatas en trozos grandes. Reservar.
  5. Se corta la carne en trozos como para hacer un estofado.
  6. En una cazuela u ollita, se rehoga la cebolla y los ajos con aceite de oliva, a fuego lento.
  7. Cuando la cebolla ya esté transparente, se añaden los trozos de carne salpimentada y se rehoga también, a fuego lento.
  8. Luego se añaden los puerros, las zanahorias, los pimientos, el laurel y el vino blanco. Se rehoga todo esto con la carne y la cebolla y cuando ya se esté ablandando se añaden las patatas cubriéndolas de agua y rectificando de sal y pimienta.

sábado, 9 de octubre de 2021

Turron de Jijona, sin azucar añadida

Ingredientes

  • 300g de almendras marcona (suelen ser redondas y pequeñas)
  • 110g de miel
  • 1 cucharadita de canela
  • opcional un poco de ralladura de limón
Preparación
  1. Tostar las almendras: Tostar las almendras en el horno a 180ºC durante 10 minutos. Cuando estén separar 50g, trocearlas y reservar.
  2. Triturar las almendras: En una procesadora o batidora, moler los 250g de almendras restantes sin que lleguen a convertirse en crema. Tiene que quedar como una arena.
  3. Incorporar el resto de ingredientes: Añadir la canela, la miel y si la utilizas, la ralladura de limón. Dar uno o dos toques en la procesadora o robot para que se mezcle todo bien y añadir los 50g de almendras troceadas. Mezclar bien.
  4. Poner en el molde y dejar reposar en la nevera: Echar la mezcla en un molde para turrón, presionar bien para que quede compacto y tapar con un poco de film transparente. Poner un peso encima para que durante la noche, el peso haga que quede más prensado y guardar en la nevera.
  5. Servir: Al servir solo hay que volcarlo en una bandeja o tabla y cortarlo al gusto.
Nota
  • Es mejor guardarlo en la nevera todo el tiempo, ya que ahí se mantiene más firme.

sábado, 10 de julio de 2021

Queso Palmero

Se hace con leche de cabras palmeras de la Agrupación Caprina Canaria, cuya alimentación está basada en el aprovechamiento de los recursos forrajeros de la isla y cuajo natural de cabrito. 

  1. La leche recién ordeñada, no se pasteuriza, se filtra y se coagula a una temperatura entre los 27 y los 33ºC. El tiempo de coagulación medio es de 45 minutos. 
  2. Tras introducir las manos en el caldero e ir obteniendo la cuajada bajo estas, la cuajada se corta hasta obtener un tamaño de grano pequeño, que facilita el desuerado. 
  3. Posteriormente se prensa y se le da forma a través de unos aros denominados empleitas, y se sala con sal marina gruesa de las salinas de la isla.
  4. Una vez hecho el queso se procede a su ahumado, a partir de la combustión cáscaras de almendra (Prunus dulcis), tuneras (Opuntia ficus indica) y pinillo del pino canario (Pinus canariensis). 
  5. La maduración se realiza en cuevas, cocinas o locales acondicionados, y en este proceso aparte de las operaciones habituales de volteo se suele untar la corteza con aceite de oliva o gofio.

El Queso Palmero o de La Palma (de la isla de La Palma (Canarias) es elaborado, artesanalmente todo, a partir de leche cruda de cabra, recién ordeñada y con cuajo natural de cabrito, y que suele consumirse ahumado.

UN QUESO CON QUINIENTOS AÑOS

La historia del queso Palmero comienza a escribirse con la introducción de las cabras prehispánicas por los primeros pobladores de la isla (de origen bereber). 
No obstante, desde la incorporación de la isla de La Palma a la Corona de Castilla, una de las últimas incorporadas, en el año 1493, existe constancia escrita de la importancia que desde entonces ha tenido la industria quesera en su territorio.
De esta forma, existe constancia de exportaciones a mediados del siglo XVI con rumbo a los puertos de San Juan de Puerto Rico o de Santo Domingo en las "Indias del Mar Océano" o a las islas de Cabo Verde. O de otro envío relata una remesa de un flete de mil quesos, con un valor de 7.000 maravedíes, con destino al puerto de La Piedra, Lisboa, en el año 1558, en el navío Santa María Magdalena.
Es además curioso que los quesos más antiguos de América se hiciesen en línea y formato de este queso Palmero. Así en Venezuela, la cuenca del Río de la Plata, en México y otras naciones existen aún quesos con este formato y elaboración semejante, sean de oveja o no. 

UNA RAZA CON CARÁCTER, LA CABRA PALMERA

Diversos estudios genéticos sitúan el origen de la cabra de raza palmera en los animales prehispánicos. 
Los últimos ejemplares de esta cabaña se extinguieron en estado salvaje hace unos 50 años, precisamente en La Palma.
No obstante, la situación estratégica de la isla con respecto a las rutas oceánicas hacia América provocaría la introduccion posterior de ganado caprino domesticado de las razas del sudoeste de la Península Ibérica que con el tiempo, cruces y evolución se adaptaron a la geofísica de las islas.
Hasta mediados de los años 80 se consideraba, erróneamente, que las tres razas canarias (majorera, tinerfeña y palmera) eran en realidad una sola. 
En líneas generales, se trata de animales perfectamente adaptados a las condiciones climáticas y orográficas de la isla. 
En todos los casos, podemos hablar de ejemplares rústicos y muy resistentes.
Exteriormente, su apariencia es muy diversa. 
Se han llegado a catalogar varias decenas de capas distintas (es decir, tonos de pelo), aunque las más corrientes son las de tonos rojizos. 
Así, por citar sólo algunas, puede hablarse de cabras bermejas, negras fulas, pejeverdes, moriscas, jardinas, herreras o cardosas.
Entre las características más distintivas, citaremos la grupa ancha y redondeada, la cornamenta abierta desde su nacimiento, la cola redondeada y dirigida hacia arriba (o hacia adelante), las extremidades cortas y con buenos aplomos, el tronco de costillares redondos, la cabeza triangular, la vivacidad de los ojos o las mamas globosas y de piel fina.
No podemos concluir este repaso sin señalar la extraordinaria calidad de su leche. 
De su composición química destacamos sus elevados niveles de alfa-caseína, una proteína láctea de gran importancia en la elaboración de queso. 
Es, por tanto, una raza que ofrece un gran rendimiento quesero, con la que se elaboran productos lácteos de alta calidad.

ZONA GEOGRÁFICA 

La zona de elaboración y maduración del queso Palmero, así como la de producción de leche apta como materia prima para el mismo, está constituida por todos los términos municipales de la isla de La Palma, provincia de Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias, España) que se relacionan a continuación: Barlovento, Breña Alta, Breña Baja, Garafía, El Paso, Fuencaliente, Los Llanos de Aridane, Puntagorda, Puntallana, San Andrés y Sauces, Santa Cruz de la Palma, Tazacorte, Tijarafe y Villa de Mazo, con una superficie en total de 706 km2.

CARACTERÍSTICAS 

Puede consumirse tanto fresco, como tierno, semicurado y curado. Su forma es cilíndrica achatada.
Las piezas pueden llegar a los 15 kilos. 
La corteza es de color blanco pero en la mayoría se procede al ahumado lo cual confiere tonalidades pardas.
La pasta es de color blanco brillante, adquiriendo tonalidades marfileñas y mates según va madurando. 
Puede tener pequeños ojos repartidos al azar y en su mayoría de forma irregular. La textura es firme y elástica. 
Tanto el sabor como el aroma deben ser limpios, propios de la leche de cabra. 
En los ahumados están presentes aromas de la familia torrefacta, pero la intensidad de éstos debe ser baja sin sobresalir u ocultar los aromas y sabores del queso. 
Se detecta una ligera acidez y un salado medio.

DATOS
  • Nombre Queso palmero o Queso de La Palma
  • País de origen España
  • Región Islas Canarias
  • Leche de Cabra
  • Pasteurizado No, leche cruda
  • Certificación Denominación de Origen Protegida 2002

https://www.facebook.com/eltrotamantel/posts/5597626390279177

martes, 3 de noviembre de 2020

El suau, la Coca-cola de los abuelos españoles

 

Una bebida a base de café y gaseosa ayudaba a refrescar las tardes del siglo pasado, y se convirtió en referente en zonas de Cataluña y Aragón. Una marca todavía lo embotella.

¿Qué es un suau?

Es un café con gaseosa y azúcar. Si ampliamos la información es, según la Gran Enciclopèdia Catalana, “una bebida refrescante preparada con café líquido, azúcar y gaseosa o sifón a la que a veces se le añade un poco de brandy”, pero lo del brandy llegó después y está menos extendido.

El suau era una manera de tomar café en algunas regiones de Cataluña —especialmente en las Terras de l’Ebre— y Aragón hacia mediados del siglo pasado. En un vaso largo, se mezclaba una taza de café con un chorro de gaseosa; así se conseguía un efecto más refrescante, y se alargaba la bebida mientras se echaba la partida en las tardes de calor. Para muchos era el sustitutivo de un café con hielo; para otros, una forma barata de tomar algo similar a la Coca-Cola, recién llegada a España y no siempre fácil de conseguir.

Historia del suau

El suau, que en español significa "suave", no recibe el nombre por esta acepción. De hecho, los castellanohablantes no lo llaman suave sino soldado, y también algunos catalanohablantes se refieren a este brebaje como soldat. La explicación a todo esto la encontramos en que suau es la derivación de la palabra "zuavo" -pronunciada "suavo" en catalán-, que es el nombre que con el que Gaseosas Solé, una empresa de Mora d’Ebre hoy desaparecida, comercializó esta bebida. Los zuavos eran unos militares procedentes de Argelia que lucharon en el ejército francés entre 1830 y 1962. Su nombre deriva del gentilicio zwāwī, de la tribu bereber de donde procedían estos soldados. En la etiqueta del suau de los Solé aparecía el dibujo de estos soldados y la palabra Zuavo, así que por esta razón se le conoce tanto por su nombre comercial, Zuavo, como suau o soldado. Daba igual que te tomaras un Zuavo original o su versión casera, todo café con gaseosa recibía este nombre.

A pesar de que preparar un suau en casa es sencillo, los Solé triunfaron como la Coca-Cola, nunca mejor traída la comparación. Como el zuavo era una bebida hecha en Mora d’Ebre, fue en esta comarca donde mejor acogida tuvo, pero lo cierto es que también se hizo muy popular en el resto de provincias catalanas, Aragón oriental e incluso se llegó a hacer casero en bares del centro de Madrid, no sabemos si porque el zuavo se llegó a distribuir en algunos locales de la zona y generó afición en los de alrededor, o porque clientes catalanes y aragoneses los demandaban en estos bares de la capital.

Tanto calado tuvo en el costumbrismo catalán, que hasta en La familia Ulises, una serie publicada en TBO a partir de 1945, la abuela doña Filomena tomaba suaus. Ella era el personaje rural y más tradicional de la serie, y es que muchos asociaban esta bebida a la gente mayor, al medio rural y a las tradiciones. “Recuerdo que en mi casa se compraba para fiestas mayores o reuniones familiares, abríamos una botella para mi hermano, mis padres y yo, y lo tomábamos casi como si fuese un ritual”, recuerda con nostalgia Ferran. “Te puedes hacer un zuavo casero, pero el gusto que tenía el industrial era muy agradable. Además, era una cosa muy de Mora d’Ebre”.

Ahí estaba la clave, en ese sabor tan agradable y ese nosequé que tenía el zuavo industrial. “Un suau no es tan simple como hacer un café y ponerle gaseosa para que te quede bueno”, cuenta Joaquín Cots, hijo de Joaquín Cots, el propietario del desaparecido Bar Quim (Benissanet, Tarragona). “Mi padre siempre lo decía: en la fábrica de los Solé trabajó un montón de gente durante años y años y nunca supo nadie cómo se hacía el suau. Es como si fuera el gran secreto”, dice Joaquín.

La fábrica de los Solé desapareció en 1983 y con ella la fórmula del zuavo. Entonces no quedó más remedio que hacerlo casero, intentando afinar las proporciones y buscando el ingrediente secreto que le diese aquel toque que hacía tan especial a esta bebida. En esa tarea puso todo su empeño Joaquín Cots (padre). Hacía litros y litros de suau casero para sus clientes, pero especialmente para llevárselo al campo a don Mariano, su padre, quien trabajaba de pastor. Guiándose por el paladar de don Mariano, Cots fue haciéndose un experto en la materia, hasta que por fin dio con las proporciones más cercanas a la bebida de su memoria.

En el año 2000 cerró el Bar Quim y los clientes volvieron a quedarse huérfanos de suau. Así que ocasionalmente se acercaban a casa de Joaquín para que les hiciera una botella para tomarla en casa. Cinco años más tarde, en 2005, fue Joaquín (hijo) quien convenció a su padre para comercializar su bebida de manera más profesional, y así nació el Suau Quim.

El suau en la actualidad

“La gente mayor en Mora d’Ebre sí que sigue tomando de vez en cuando suaus en los bares y en casa. Bien el de Quim o bien se cogen una gaseosa y la mezclan, pero casi es algo testimonial”, cuenta Ferran. “No queremos que se pierda esta bebida, así que desde hace doce años, para la Fiesta del Río que se celebra en Mora d’Ebre, repartimos una versión del suau que nos hemos inventado: suaus del sirgador”, cuenta el técnico de cultura. El sirgador era la persona que tiraba antiguamente de las barcas desde el punto de atraque hasta la corriente del río o viceversa, y la bebida que lleva su nombre, según desvela Ferran Roca, tiene Suau Quim y un toquecito de Ron Negrita. “Y es buenísimo, buenísimo. Lo damos gratis y repartimos igual 200 vasitos de suaus del sirgador”.

El zuavo, que fue un éxito local durante décadas, poco a poco se ha ido quedando como una bebida del recuerdo. “Ahora mismo ni se consume en toda la comarca”, cuenta Roca. “Pero en Mora el 99% de la gente sabe lo que es un suau. Yo mismo, a veces voy a almorzar aquí al lado y me lo pido, pero te vas a Reus, que está muy cerca y hubo un tiempo en que también se consumió mucho suau, y seguramente ya no todo el mundo sabe lo que es”. En Reus, precisamente, Cafés Brasilia hizo en 2012 un intento de estimular la tradición de tomarlo celebrando “una fiesta popular del suau”, pero no tuvo mucha respuesta y, según me informan del Ayuntamiento de Reus, sólo se hizo una edición.

Joaquín cuenta que la distribución de su Suau Quim está muy localizada en la Ribera del Ebro y Tierra Alta, aunque esporádicamente le hacen algún pedido para bares de Barcelona (Casa Mariol), Girona o Reus. “Este verano también he vendido unas 2000 botellas en Fayón (Zaragoza)”, dice Cots.

La fórmula

Le pregunto a Joaquín por su fórmula, más que nada para que no se repita la historia como con los Solé, pero no lo convenzo. Lo único que me dice es que sigue siendo fiel a la marca de café que usaba su padre, pero el nombre y, por supuesto las proporciones, se las guarda para él. De momento, podemos probar el Suau Quim en los locales donde distribuye o haciéndole un pedido para que nos lo envíe a casa. Además, del suau clásico de café, también tienen suau descafeinado y bebidas gaseosas de sabores: mango, mojito y tropical.

Si lo queremos preparar casero, vuelvo a Joan Pons para preguntarle la receta. Me da la que se preparaban en casa su abuelo Pere, de Teià (Barcelona), que le llamaba suau; y su abuelo Gregorio, de Alacón (Teruel), que le llamaba “soldado”. Así que sirva esto como un pequeño homenaje a los abuelos de Joan:

  1. Hacer un café solo (con la proporción de una taza de café solo, es decir, pequeña).
  2. Endulzarlo (o no) al gusto, con azúcar o sacarina. Dejarlo enfriar en un vaso grande.
  3. Añadir muy despacio –porque hace mucha espuma– tres partes de gaseosa por una de café. Si no tienes gaseosa, también vale Sprite: bienvenido a la experiencia suau.

El auge de las bebidas gaseosas

Las bebidas gaseosas comenzaron a aparecer a finales del siglo XVIII, pero no como refrescos como las entendemos ahora, sino vinculadas a fines farmacéuticos. Se utilizaban para aliviar problemas digestivos y otras dolencias. Hacia el siglo XIX su popularidad ya había crecido y el consumo se llevó al ámbito familiar, así que se consumían como bebida para acompañar comidas y momentos de ocio.

Así fue como se le empezaron a añadir gustos de frutas y azúcares a las bebidas que originalmente eran más parecidas a un sifón que a las bebidas con gas que tomamos ahora. En España, según aparece en la web de la Asociación de Bebidas Refrescantes, en los 50 la gaseosa era el hit de las bebidas de este tipo y se llegaron a registrar más de 5000 productores de gaseosas en nuestro país. Así que no es raro que a este gusto semi neutro que pega con todo, le empezaran a añadir zumos, esencias y café para hacerlo menos aburrido.

https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2020/09/16/articulo/1600270597_426657.html

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